En el ocaso
                nocturna mariposa
                                           bebe mi boca

Aun cuando su repertorio en cuento es mucho mas amplio, debido a la legislacion vigente de derechos de autor, de momento, solo los siguientes textos pueden exponerse en este sitio web.

A continuación les presentamos pequeños extractos y la posibilidad de descargar los cuentos en toda su extension en formato Word.


-Quimera

"....Yo realmente no requiero de gran cosa, tengo mi casa y mi tierra, siempre los he tenido.  Pero, ¿qué haría si dejara de trabajar?  Me convertiría en una ruina.  Como la antigua iglesia del pueblo.  Las ruinas de la iglesia de San Bartolo Cuicatlán.  En su época fue una belleza.  Lastima que nunca la conociste entera.  Hoy solo se conservan algunos largos ventanales que en aquella época lucían vitrales.

¡Cuánta mano de obra se necesitó para construirla!  Todavía hoy se ven las lápidas marmóreas en el piso que albergan los cuerpos de algunos curas y misioneros.

Yo le pregunto a Don Ramón :

¿Y  la lápida del monje de la quimera?, al lado del convento de San Agustín, bueno, el que una vez fuera el de San Bartolo.  ¿Qué sabe de ella?.... "

- Extracto de Quimera, por Graciela Salas (descargar)

 

-Alexia

".... ¡Mamá, mira, ¡ahí está Héctor, el hermano de Clarita!  Espérame... voy a verlo.
Aunque Crusha, no era ajena a la sensibilidad de su hija Alexia, la miró estupefacta: Héctor, el hermanito de Clara, ¡había muerto cuatro meses atrás!

-Mami, ¡allí estoy yo! En ese caminito.

La madre, sorprendida al sentir un estremecimiento en el cuerpo de Alexia, cerró el libro que le estaba leyendo, y lo colocó a un lado de la mecedora.  Mientras, acurrucada en el regazo de su madre, Alexia, con la mirada profunda y una voz casi imperceptible continuó: ...."

- Extracto de Alexia, por Graciela Salas

 

- Cuarenta y ocho grados a la sombra

".... En un abrir de ojos, mi abuelo extrajo una pequeña botella de plata de la bolsa de su guayabera, y le dio un sorbo.  Después de beber, como siempre  acostumbraba contó la historia de esa botella que había pertenecido a su hermano mayor.  La coñaquera, el recuerdo material que  mi abuelo más apreciaba porque le fue entregado cuando después del accidente ocurrido en la mina no volvió a ver a su hermano mayor.  Dicen que sacaron todo el escombro  del derrumbe, pero su cuerpo nunca se encontró; sin embargo, la coñaquera fue localizada en la boca posterior de la mina; fue un misterio.

Eran los últimos calores de verano, el sol aturdía el día, y el río retenía silencioso su reflejo cuando mi abuelo miró como en un espejismo al tío Antón parado en el umbral. Vientos alisios pronosticaban su llegada..... "

- Extracto de Cuarenta y ocho grados a la sombra, por Graciela Salas (descargar)

 

- El desván de los sueños

" ....así, Aristide desde muy temprana edad jugaba y buscaba, no sabiendo con claridad que, pero seguía indagando. Cuestionándose sobre la vida; su vida llena de sensibilidades ni siquiera imaginadas en su pequeño ser. Nadie le había preguntado si quería nacer, ni en que país y mucho menos se le había otorgado el derecho de escoger a sus progenitores. Le molestaba la absoluta decisión de los adultos, pero reconocía que también el gozaba de cierta libertad.

Con frecuencia se le veía pensativo, soñador, sentado al borde de un risco en la montaña cercana a la población donde vivía. Ahí solía refugiarse. A veces Ze-Yarett lo acompañaba recostándose sobre la hierba fresca, mirando el paso de las nubes. Ella era inquieta, juguetona, sonriente, y con gran similitud de pensamiento. Por lo general trataban de estar juntos, sin embargo cada cual era dueño de si mismo.

Aristide había encontrado en una de las laderas de la montaña unas grutas donde las filtraciones de agua, a través del tiempo, habían desarrollado enormes estalactitas; algunas crecían con cierta complicidad arquitectónica, para unirse afanosamente a las caprichosas formas surgidas de las estalagmitas. Sus bellas líneas le recordaban el santuario de estilo gótico de su antigua, y en otro tiempo, ciudad imperial....
"

- Extracto de El desván de los sueños, por Graciela Salas (soilcitar)

 


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