En el ocaso
                nocturna mariposa
                                           bebe mi boca

Desde el desván: entrevista con Graciela Salas, escritora.
                                                                                                          Por Alicia Alarcón

Dice Graciela Salas que la gran mayoría de los literatos escriben de las experiencias que han vivido, de la gente que han conocido y de sus aventuras. En la vida de esta escritora joven en las letras, escribir también está en la esquizofrenia o locura de la que goza el pensamiento y la capacidad de este para inventar historias.

Graciela Salas tiene muchos valores, pero hay uno que sobresale y se le reconoce: la amistad, aunada a la facilidad de relacionarse con el prójimo. No hay obstáculo que le impida hacer lo que quiere porque es libre de espíritu. Con esa intensidad también se expresa -porque habla a mil por hora- y nos cuenta un poco de ella.

Creció en el corazón de Coyoacán, allá en la Ciudad de México, estudió Antropología y luego se dedicó al arte, el cual por cierto lleva en las venas gracias a su padre el profesor Salas, quien fue gran promotor cultural del arte mexicano y fundador de la prestigiada revista “Artes de México”.

En la comodidad de su casa, al norte de Cuernavaca donde reside desde hace un par de años, Graciela me platicó por primera vez de su obra, se trata de un cuento corto intitulado  El desván de los sueños (Ediciones ICAIC, 2003) con ilustraciones del artista cubano Nelson Domínguez, que escribió  hace algún tiempo y apenas acaba de ser editado y presentado en la Feria del Libro en La Habana, Cuba,  el cual por cierto también hará lo mismo este sábado 3 de abril, en la librería Gandhi a las 18:30 horas, en esta ciudad.

En El desván de los sueños los protagonistas son Aristide y Ze-Yarett, una pareja soñadora. Con frecuencia se le veía pensativo, soñador, sentado al borde de un risco en la montaña cercana a la población donde vivía. Ahí solía refugiarse. A veces Ze-Yarett lo acompañaba recostándose sobre la misma hierba fresca, mirando el paso de las nubes.

La escritora señala que su obra es una historia de vida, que agregada al amor, está relacionada con cuestionamientos filosóficos sobre inquietudes existenciales, de esas que en algún momento de la vida nos sacuden.

¿Eros y Tanatos?: Amor y muerte… “siempre juegan un papel muy importante en la vida y la literatura”, apunta.

En la historia de El desván de los sueños explica la autora, se dejan sentir ambos en múltiples momento. Explica que de los tres extraordinarios acontecimientos de la vida del ser humano: el nacimiento, el amor y la muerte, sólo el amor tiene relevancia existencial…

“Quizás porque del nacimiento no existe memoria y la muerte carece de ella una vez consumado el acto. Lo que nos queda entonces es el amor que todos enfrentamos y muchas veces buscamos. ¿Culpa de la acción de las feromonas? -se pregunta- aunque hay quienes lo experimentan más de una vez, lo considero como un solo acto porque la emoción es parecida en cada ocasión”.

El desván de los sueños lo escribió cuando Ares, el compañero de su vida, iba a cumplir años; quiso darle algo diferente que apreciara por ser verdaderamente personal. Se decidió por este cuento con tintes visuales…

“Siendo Ares director de cine, pensé que miraría o recorrería los lugares de los que yo le estaba narrando a través del ojo de la cámara. Esta idea se me ocurrió porque cuando lo escribí teníamos una casa productora de cine, y fue ahí donde aprendí el lenguaje de ese mundo maravilloso de la comunicación con imágenes. De alguna manera quise ver la historia que estaba narrando a través de sus ojos”.

Respecto al personaje principal de la obra, Graciela afirma que Aristide es una amalgama de muchos personajes; en un cuento los personajes, los lugares y las cosas tienen algo que ver con la esencia íntima del autor, aunado a la invención creativa, a veces pura, e indispensable para el que relata.

En algunas ocasiones Aristide mostraba conductas de adulto, sin embargo aún creía en los duendes. Estaba seguro que estos le ayudaban en su búsqueda cotidiana, dejando en el camino, o en algunos lugares especiales, pequeños fragmentos de vida.

Finalmente, la narrativa tiene sus elementos mágicos, en El desván de los sueños se localizan en sus objetos, en su tiempo, pero como dice la propia autora, la magia se encuentra en el lector; los que tienen la facilidad de dejarse llevar por lo leído, agregando a ello su propia imaginación y vivencia…

“La fantasía entra cuando el lector se permite entrar en su imaginación e inventar su propio mundo insólito, agregando esto a la historia y usando una palabra muy de momento, quiero decir leer el cuento y vivir sus momentos en una forma virtual”.

--o0o--


< Volver

Graciela Salas | www.gracielasalas.com | info@gracielasalas.com